Cómo una alimentación completa puede evitar cuadros graves de coronavirus





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Además de respetar las recomendaciones del gobierno y de la Organización Mundial de la Salud, cada uno puede reforzar su sistema inmunológico a través de una completa alimentación (Shutterstock)

La expansión mundial del COVID-19 demostró la importancia de tener un sistema inmunológico fuerte. En Argentina, se transita una etapa de la pandemia en que es muy importante evitar el contagio. Y además de respetar las recomendaciones del gobierno y de la Organización Mundial de la Salud, cada uno puede reforzar su sistema inmunológico a través de la alimentación.

La doctora María Elena Torresani (M.N. 936) es directora de la carrera de Especialistas en Nutrición Clínica UBA y ofreció una serie de claves al respecto.

“En los últimos años se descubrió que el sistema inmune está íntimamente ligado a la microbiota intestinal: allí se encuentran entre el 70 y 80% de las células inmunitarias del cuerpo. La microbiota es un complejo ecosistema de microorganismos que vive en el aparato digestivo. Y para mantener una microbiota sana es importante tener en cuenta qué alimentos y qué nutrientes incorporamos en nuestras comidas”, comenzó su explicación.

Los nutrientes más importantes para el sistema inmune

Torresani asegura que “los alimentos fermentados, así como también determinados micronutrientes, generan mejoras en la función inmune. Algunos minerales como el hierro, zinc y magnesio están fuertemente relacionados con la regulación tanto de la sensibilidad innata como de las defensas frente a la ‘invasión’ patógena. Las vitaminas –A, D, E, C y las del complejo B como la B6, B9 y B12-, además de su participación como coenzimas en cientos de reacciones orgánicas, también son conocidas por su papel protector de las mucosas”.

Las personas con un estado nutricional y una alimentación adecuados presentan menos probabilidades de desarrollar cuadros graves de covid-19

“Como profesionales de la nutrición debemos contribuir a garantizar una alimentación variada y equilibrada, la cual siempre ha sido de vital importancia. Pero ahora cobra todavía más fuerza en el esfuerzo por intentar aportar todos los nutrientes necesarios para reforzar el sistema inmune”, dijo Torresani como introducción a la siguiente caracterización de alimentos y nutrientes.

– Alimentos fermentados: aportan múltiples beneficios para la salud intestinal. Su principal función es alcanzar el equilibrio de la microbiota intestinal al ayudar a repoblar el intestino con las bacterias benéficas y ayudar a descomponer antinutrientes haciendo que se puedan absorber mejor los nutrientes de algunos alimentos. Se demostró que la ingestión de yogur estimula la producción de citoqucinas y recientemente se documentó que los pulmones tienen su propia microbiota. Asimismo, se ha descrito una conexión intestino-pulmón mediante la cual las interacciones pueden influir en el curso de las enfermedades respiratorias. En la alimentación se puede incluir yogur preferentemente con probióticos por los beneficios adicionales que aporta.

Yogur
Los alimentos fermentados aportan múltiples beneficios para la salud intestinal. El yogur estimula la producción de citoqucinas y recientemente se documentó que los pulmones tienen su propia microbiota (Shutterstock)

– Ácidos grasos omega 3: son componentes de crucial importancia en la dieta. Los lípidos pueden influir también en la modulación del sistema inmunitario. Las grasas saturadas provocan una respuesta inmunitaria de mayor entidad que los ácidos grasos poliinsaturados y a los omega-3 se los puede calificar como inmunosupresores y aprovechar sus efectos antiinflamatorios.

– Vitamina A: cumple un papel importante tanto en la respuesta de anticuerpos humorales como en la inmunidad mediada por células. También mantiene la integridad de las mucosas, que son la primera barrera contra los patógenos externos. Aumenta la producción de interferón -con acción especialmente antiviral- y es necesaria para formar colágeno. ¿Dónde se la encuentra? En el hígado, manteca, crema de leche, huevos y lácteos completos. Los betacarotenos -precursor de vitamina A- se encuentran en verduras de color verde o de coloración rojo-anaranjado-amarillento y algunas frutas, como duraznos, damascos, cerezas y melón.

– Vitamina D: ejerce sus efectos positivos sobre diferentes tipos de células inmunitarias. Mejora la inmunidad innata. Se observó que el grupo de población más vulnerable para covid-19 también es el que tiene el mayor déficit de vitamina D. Sólo el 10% de la vitamina D que necesita el organismo proviene de los alimentos como son los lácteos enriquecidos. El 90% restante procede de la exposición a los rayos solares que permite su activación a nivel de la piel.

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La vitamina A cumple un papel importante tanto en la respuesta de anticuerpos humorales como en la inmunidad mediada por células. Los huevos es uno de los alimentos que la contiene (Shutterstock)

– Vitamina E: gracias a su potente acción antioxidante protege a las membranas lipídicas del daño oxidativo causado por los radicales libres y la peroxidación de los lípidos. Optimiza y mejora la respuesta inmune. Las fuentes alimentarias de vitamina E son el aceite de germen de trigo, el aceite de girasol, el germen de cereales o los cereales de grano entero -pan, arroz, pastas alimenticias integrales-, los aceites de oliva -principalmente, el virgen extra de primera presión en frío-, los vegetales de hoja verde y los frutos secos.

– Vitamina C: juega un papel importante en la prevención de la oxidación celular y estimula las funciones leucocitarias, específicamente, estimula el desarrollo de los linfocitos -un tipo de glóbulos blancos que desempeña un papel fundamental en el sistema inmune-. Disminuye la duración y severidad del resfriado. Los alimentos donde encontramos esta vitamina son: guayaba, kiwi, mango, piña, caqui, cítricos, melón, fresas, pimientos, tomate, verduras de la familia de la col, frutas y hortalizas en general.

– Vitaminas del complejo B: se han descrito alteraciones del sistema inmunológico asociadas al déficit de vitaminas del complejo B. La carencia de ácido fólico o vitamina B9 suprime la respuesta de algunos linfocitos (es decir, células inmunitarias que se encuentran en la sangre y el tejido linfático y su función está estrechamente relacionada con el sistema inmune) y produce una disminución de anticuerpos. Se encuentran en la mayoría de alimentos de origen vegetal -verduras, fruta fresca, frutos secos, cereales, legumbres- y en los de origen animal -carne de vaca, pescado, mariscos, huevos y productos lácteos-.

Las vitaminas del complejo B se encuentran en la mayoría de alimentos de origen vegetal, como las verduras, fruta fresca, cereales, legumbres y los frutos secos (Shutterstock)
Las vitaminas del complejo B se encuentran en la mayoría de alimentos de origen vegetal, como las verduras, fruta fresca, cereales, legumbres y los frutos secos (Shutterstock)

– Zinc: ejerce una multitud de efectos sobre numerosos tipos de células inmunitarias. Un déficit de zinc compromete la función inmune y los mecanismos de defensa del organismo. Fuentes alimentarias: mariscos, hígado, quesos curados, legumbres y frutos secos, cereales completos, carnes, pescados, huevos y lácteos.

– Hierro: participa en diferentes reacciones del organismo, como por ejemplo el transporte de oxígeno y la regulación de la diferenciación y crecimiento celular. El déficit de hierro afecta a la correcta función del sistema inmune. Los alimentos altos en hierro pueden ser hígado, carnes -especialmente las rojas-, pescados, huevos y, en menor proporción, lácteos.

Más recomendaciones para mejorar el sistema inmunitario

– Cumplir el calendario de vacunación

– Respetar la lactancia materna

– Dejar de fumar

– Evitar alcoholismo

– Evitar el sedentarismo

– Mantener un peso saludable

– Control del estrés

– Dormir 7-8 horas/día

– Seguir una alimentación saludable

“Las personas con un estado nutricional adecuado, así como con un balance apropiado entre macro y micro nutrientes, presentan menos probabilidades de desarrollar cuadros graves de covid-19”, aseguró Torresani. “Es imprescindible aportar todos los nutrientes necesarios -proteínas, hidratos de carbono preferentemente integrales, grasas saludables, vitaminas y minerales-, priorizando a los probióticos y prebióticos”.

“El mundo exterior se convirtió en un espacio difícil y algo hostil que exige cuidarse más que antes. Por eso, este momento es la oportunidad de cambiar, de mejorar, de cuidar nuestra salud, de controlar lo que comemos, no por cómo nos vemos sino porque nuestro futuro depende de lo que incorporamos a nuestro organismo. La responsabilidad de nuestro bienestar está en nuestras manos”, sintetizó Torresani.

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