Daniel Ortega llega al 41° aniversario de la revolución sandinista enfermo, ausente y acusado de crímenes de lesa humanidad





41 años de la revolucion sandinista - Daniel Ortega
Los comandantes sandinistas Víctor Tirado López, Humberto Ortega y Daniel Ortega, el 20 de julio en Managua, hace 41 años. (Foto tomada de libro Epopeya de la Insurrección)

Este domingo 19 de julio, por primera vez en 41 años, Daniel Ortega no subirá a la tarima para celebrar el aniversario de la revolución que en 1979 derrotó al dictador Anastasio Somoza y abrió paso a la revolución sandinista. La celebración será virtual, anunció Rosario Murillo, su esposa y vicepresidente de Nicaragua.

El Daniel Ortega de ahora está lejos del guerrillero de 33 años que llegó de Costa Rica a la occidental ciudad de León y de ahí se encaminó en caravana a la Plaza de la República, en Managua, donde una abigarrada muchedumbre gritaba y vaciaba sus ametralladoras al aire, para celebrar el fin de la dictadura somocista. Ortega llega a este nuevo aniversario con 74 años de edad, enfermo y acosado por sus demonios.

Este sábado, Ortega cumplió 38 días sin dejarse ver ni oír. La última vez que se supo de él fue el 10 de junio, durante una reunión virtual de los países del ALBA, en la que el dictador nicaragüense apenas participó. Las ausencias de Ortega son cada vez más largas y frecuentes. Antes, el 18 de mayo, apareció en su bunker, en una conferencia virtual donde lució desubicado: “Hoy 21 de mayo…” dijo, a pesar de que Murillo le rectificaba en susurros a su lado: “Es 18, es 18…”

41 años de la revolucion sandinista - Daniel Ortega
Los nueve poderosos comandantes que gobernaron Nicaragua en la década de los 80. Al centro Daniel Ortega. (Foto cortesía Archivo/ La Prensa)

Está en una edad en que está perdiendo facultades físicas y mentales, en un periodo en que se sabe cuestionado por crímenes, se sabe nombrado como dictador por una gran parte del país, aunque él les llame golpistas, y cuando él se reconoce rodeado de una larga lista de amigos y aliados que se han perdido y con la única realidad de solo poder sobrevivir en el encierro de El Carmen (casa presidencial)”, evalúa Zoilamérica Ortega Murillo, hijastra de Ortega, quien desde 1998 sostiene contra el dictador nicaragüense una acusación por abusos y violación sexual.

Sofía Montenegro, periodista e investigadora social nicaragüense, también le concede bajas calificaciones a Ortega. “Como persona y como político llega al 41 aniversario de la revolución sandinista, viejo, enfermo, derrotado, quebrado, odiado y en una completa crisis del sistema político y de gobierno. Pasó de una dictadura institucional a una dictadura sangrienta, de la peor estirpe. Su balance personal, de una vida que ya se está acabando, como político está aniquilado, es realmente desolador”.

Daniel Ortega nació el 11 de noviembre de 1945, en la Libertad, un pueblecito minero del centro nicaragüense. Desde los 15 años participó en acciones violentas contra la dictadura de los Somoza por lo que estuvo repetidas veces en la cárcel. Quemó buses, explotó bombas artesanales en viviendas de somocistas, participó en el asesinato de un sargento de la Guardia Nacional y asaltó bancos. En 1967 fue condenado a 14 años de prisión por el asalto a una sucursal del Banco de Londres, en Managua, pero solo cumplió siete años porque un comando guerrillero lo rescató de la cárcel en diciembre de 1974.

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Febrero de 1990. Un Daniel Ortega carilargo reconoce su derrota ante Violeta Barrios de Chamorro. (Foto Archivo)

A partir de ahí tuvo una discreta vida guerrillera, la mayor parte de tiempo vivió en el exilio, pero devino en uno de los nueve poderosos comandantes sandinistas que controlaron Nicaragua durante la década de los 80 y coordinador de la Junta que asumió el gobierno tras la huida de Somoza. Ha sido presidente de la República en cuatro periodos y el único candidato presidencial que ha presentado el Frente Sandinista en las últimas siete campañas electorales.

A sus 74 años ha acumulado dos infartos, y un racimo de enfermedades físicas y psiquiátricas, no reconocidas oficialmente, pero expuestas por personas cercanas, que lo hacen vivir encerrado, en estado de ansiedad, y permanentemente medicado. Las escasas apariciones públicas que realizaba, las programaba en horas de la noche y lucía, a veces, con el rostro inflamado. “La medicación lo pone inflamado y torpe”, ha explicado alguien que perteneció a su equipo.

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1984. Daniel Ortega toma posesión como presidente de Nicaragua en su primer periodo. Actualmente hace su cuarto periodo presidencial. (Foto Archivo)

Una masiva rebelión ciudadana puso en jaque su tercer periodo presidencial consecutivo y solo pudo contenerla con una brutal represión que dejó al menos 328 muertos según cálculos de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH), y una acusación pendiente sobre su gestión por crímenes de lesa humanidad.

“Para el GIEI, conforme la información disponible, se desprende que el Estado de Nicaragua ha llevado a cabo conductas que de acuerdo con el derecho internacional deben considerarse crímenes de lesa humanidad, particularmente asesinatos, privación arbitraria de la libertad y el crimen de persecución”, concluyó en diciembre de 2018 el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que convocó la OEA para investigar los hechos violentos en Nicaragua.

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Daniel Ortega utilizó un ejercito paramilitar para contener la rebelión ciudadana de 2018.

El grupo recomendó asimismo “a los Estados miembros del sistema regional (OEA) e internacional (ONU) que inicien investigaciones, y en su caso juzguen, a los responsables de los referidos crímenes en el marco de la jurisdicción universal y conforme la legislación interna de cada país”.

El sociólogo, y antiguo militante del Frente Sandinista, Oscar René Vargas, considera que “después de abril 2018, el régimen Ortega-Murillo no ha podido reinventarse, su pensamiento se quedó en los años previos al 2018, le cuesta admitir el fracaso de su proyecto político y no duda incluso en recurrir a los paramilitares para imponer su modelo”.

Zoilamérica Ortega señala que el dictador nicaragüense fracasó en su intento de mostrarse como víctima de un golpe de Estado para disfrazar sus crímenes de 2018, una estrategia similar a la que usó cuando se le acusó de violación. “Pudo crearse un disfraz de víctima de un complot político cuando yo lo denuncie en 1998. ¿Pero hoy con qué identidad lo pueden esconder?”, dice.

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El Frente Sandinista ha celebrado durante 40 años el 19 de julio como su gran fiesta nacional. Este domingo, por primera vez no habrá multitudes en la Plaza de la República. (Foto cortesía La Prensa) (Jader Flores/)

Para Sofía Montenegro la peor carta que ha jugado Ortega fue “dejarse imponer” a Rosario Murillo como vicepresidenta y rectora de su gobierno. “Ella ha sido artífice de las peores decisiones de los dos últimos años, y si es que le queda todavía un rayo de lucidez en los vapores de su inconsciencia, tiene que pensar que esa fue la peor decisión de su vida”.

Además de sus enfermedades, y las acusaciones por violación sexual y crímenes de lesa humanidad, Daniel Ortega sobrevive acosado por sanciones internacionales, principalmente de Estados Unidos, que han golpeado a su círculo cercano y familiar.

Este viernes, mientras su régimen celebraba la huida de Somoza hace 41 años, con canciones revolucionarias expuestas por altoparlantes por las calles, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció sanciones para Juan Carlos Ortega Murillo, uno de los hijos de Ortega y Murillo. Antes habían sido sancionados en su familia dos hijos más y la propia Rosario Murillo.

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Rosario Murillo y Daniel Ortega, el 12 de marzo pasado en una de sus pocas comparecencias virtuales. (Foto Presidencia) (Picasa/)

Para muchos analistas, la celebración virtual del 41 aniversario de la revolución sandinista tiene que ver más con proteger a Daniel Ortega que acumula al menos tres meses sin salir de su búnker, que con evitar aglomeraciones de sus bases, pues su régimen sigue promoviendo actividades a pesar que la pandemia del COVID-19 crece exponencialmente en Nicaragua.

Incluso establecen un parangón histórico entre el llamado a la insurrección contra Somoza que hacía Ortega desde su refugio en Costa Rica hace más de 40 años y la promoción a actividades masivas que su gobierno realiza cuando tanto Ortega como Rosario Murillo, mantienen estricto resguardo en su casa.

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