Facebook demuestra importancia de invertir en ESG: Nir Kaissar





(Bloomberg) — Si no tiene claro las inversiones ambientales, sociales y de gobierno (ESG, por sus siglas en inglés), no está solo. El Departamento de Trabajo de EE.UU. parece estar igualmente confundido. Afortunadamente, Facebook Inc. puede servir de ejemplo para ayudar a aclarar el creciente movimiento de inversión.

El Departamento de Trabajo emitió recientemente una norma propuesta que se está interpretando ampliamente como una prohibición de inversión ESG en cuentas de jubilación. Un comunicado de prensa dijo que la regla “busca proporcionar pautas regulatorias claras” para las pensiones corporativas y los planes 401(k) en torno a las inversiones ESG. Sin embargo, lo que en realidad está haciendo es sembrar una confusión total.

“Los planes de jubilación patrocinados por empleadores privados no son vehículos para promover metas sociales u objetivos de política que no sean de interés financiero para el plan”, dijo el secretario de Trabajo, Eugene Scalia. Pero ESG no tiene nada que ver con promover metas sociales u objetivos de política. Por definición, la inversión ESG es estrictamente un esfuerzo financiero, un intento de mejorar el rendimiento de las carteras al limitar su exposición a empresas cuyas políticas ambientales, sociales o de gobernanza, o la falta de ellas, se consideran riesgosas. En ese sentido, no es diferente a lograr un equilibrio entre acciones y bonos, bonos con grado de inversión y basura, acciones de grandes y pequeñas empresas, o cualquier cantidad de decisiones que los inversionistas toman habitualmente para administrar el riesgo e intentar aumentar los rendimientos ajustados al riesgo.

Analicemos a Facebook. La gigante de las redes sociales tiene problemas. Un número creciente de grandes anunciantes corporativos como Coca-Cola Co., Starbucks Corp., Microsoft Corp. y Ford Motor Co. están retirando sus anuncios, por temor a que aparezcan junto a discursos de odio, información errónea y otros contenidos divisivos publicados rutinariamente en la plataforma. Facebook también se enfrenta a una serie de consultas antimonopolio del Congreso, el Departamento de Justicia y una coalición de fiscales generales estatales, así como al aumento de los llamados bipartidistas para eliminar las protecciones legales que limitan la responsabilidad de la compañía sobre el contenido publicado por los usuarios.

Las quejas sobre Facebook no son nuevas. Ha habido preocupaciones generalizadas sobre cómo la compañía maneja los datos de sus usuarios desde al menos 2018, cuando surgió la noticia de que Cambridge Analytica había obtenido datos personales de hasta 87 millones de usuarios. Pero Facebook ha ignorado en gran medida a sus críticos, principalmente porque su cofundador y director ejecutivo, Mark Zuckerberg, controla la compañía y no parece compartir las preocupaciones, al menos no lo suficiente como para hacer algo significativo al respecto. Hasta ahora, Zuckerberg ha hecho gestos simbólicos sobre todo, como lanzar un nuevo centro de información para el votante y aceptar reunirse con grupos de derechos civiles que organizaron el boicot publicitario.

Zuckerberg, sin duda, prefiere ejercer el poder absoluto, pero es una propuesta arriesgada para los accionistas de Facebook. Hay cada vez más pruebas de que las empresas con una gobernanza sólida generalmente se desempeñan mejor y tienen menos probabilidades de fracasar que aquellas con una gobernanza débil, lo que también las convierte en una inversión menos volátil y de mejor rendimiento a lo largo del tiempo. Las mejores tienen políticas que responsabilizan a la administración y equilibran las demandas en competencia de accionistas, acreedores, trabajadores, proveedores, clientes y reguladores. Baste decir que, mientras Zuckerberg esté en el trono, Facebook tiene pocos de esos controles y equilibrios.

Eso es un problema porque Zuckerberg es el único árbitro de lo que es y no es un peligro para Facebook, incluso si todas las indicaciones señalan lo contrario. Y claramente, no todos en la compañía están de acuerdo con la perspectiva optimista de Zuckerberg. Los empleados de Facebook organizaron recientemente una huelga virtual, y algunas figuras de alto rango expresaron públicamente su desaprobación del enfoque de laissez-faire de Zuckerberg para controlar el contenido. Si hubiera una mayor diversidad de opiniones en el proceso de toma de decisiones de Facebook, tal vez habría estado más en sintonía con las muchas amenazas que ahora enfrenta.

El riesgo que plantea el gobierno fuerte de Facebook es la “G” en ESG. No es sorprendente que Facebook reciba malas calificaciones en gobierno. Institutional Shareholder Services, un proveedor líder de calificaciones ESG, otorga a Facebook un 10 por gobierno, la calificación de riesgo más alta en su escala de 10 puntos. Y de acuerdo con varias métricas de gobierno rastreadas por Bloomberg, como el porcentaje de directores independientes y el tamaño de la junta, este criterio se ha debilitado en Facebook en la última década.

Para los inversionistas preocupados por el riesgo de gobierno en Facebook, reducir su exposición a la compañía, o incluso eliminarla por completo, es un movimiento financiero razonable, uno consistente con, y de hecho, prescrito por la “posición de larga data” del Departamento de Trabajo de que los planes de jubilación “seleccionen inversiones y cursos de acción de inversión basados en consideraciones financieras relevantes para el valor económico ajustado al riesgo de una inversión en particular”. También es la esencia de ESG.

Scalia y el Departamento de Trabajo parecen confundir a ESG con lo que con más precisión se llamaría inversión socialmente responsable, o SRI, que intenta alinear las carteras de los inversionistas con sus valores al excluir a las empresas e industrias que entran en conflicto con esos valores, independientemente del impacto financiero.

No es menos extraño que el Departamento de Trabajo quiera prohibir la SRI. Si bien sospecho que los inversionistas de SRI pagarán un precio por mezclar su dinero y sus valores, hasta ahora hay poca evidencia de que la SRI sea un lastre para las carteras o que socavaría la “seguridad de jubilación de los trabajadores estadounidenses”, como Scalia parece temer. Entonces, si los participantes de 401(k) y los beneficiarios de pensiones quieren que su dinero esté alineado con su conciencia, no está claro por qué el Departamento de Trabajo debería interponerse en el camino, particularmente cuando es parte de una administración que profesa devoción a la desregulación, el pequeño gobierno y la libertad religiosa. Pero al menos, el Departamento de Trabajo debería aclarar que está apuntando a SRI, no a ESG.

Si la regla se mantiene, un aspecto positivo es que podría promover una separación más clara entre ESG y SRI, lo que ayudaría a los inversionistas a navegar el creciente panorama de inversión social. Los fondos que combinan los dos son una fuente particular de confusión. El ETF de iShares ESG MSCI USA, por ejemplo, invierte en acciones con altos puntajes de ESG y excluye a las compañías de tabaco y armas. La norma propuesta por el Departamento de Trabajo lo descalificaría presuntamente de su inclusión en los planes de jubilación y, por lo tanto, desalentaría que más fondos mezclen ESG y SRI.

Sin importar qué pase con la regla, una cosa debe ser clara: cuando ESG tiene problemas con empresas como Facebook, se trata de dinero, no de valores. Si el Departamento de Trabajo lo encuentra confuso, imagínese cómo se deben sentir los inversionistas comunes.

Nota Original:Facebook Helps Explain Why ESG Investing Matters: Nir Kaissar

©2020 Bloomberg L.P.

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