La fuerza de la unión y del sentido común





Sergio Massa, Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Presidencia)
Sergio Massa, Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Presidencia)

Ante una situación extraordinaria como la que atravesamos, necesitamos líderes templados. Dirigentes equilibrados, prácticos y responsables que actúen con sensatez y sean capaces de juntar a todos los argentinos detrás de un objetivo común: superar el Covid-19. Este momento difícil nos está demostrando que la mayoría de las respuestas están en el centro del escenario, no en los extremos. No hay margen para los delirios ni el surrealismo. Es sencillo: cuanto más nos cuidemos, más rápido vamos a pasar esta pandemia.

Mientras varios países importantes del mundo sufren las consecuencias de la subestimación, la división política o las soluciones mágicas, Argentina es un ejemplo de sentido común. Nuestro presidente, Alberto Fernández, trabaja codo a codo con los gobernadores y el líder de la oposición, Horacio Rodríguez Larreta, consulta a los científicos antes de tomar cada decisión y administra los recursos públicos según las prioridades sociales. Nada impresionante. Pero recordemos que, durante los últimos años, lo “obvio” nos costó, y mucho.

El Frente Renovador defiende esta forma de hacer política desde sus orígenes. Nuestra fuerza siempre tuvo como objetivo cardinal sacar al país de la trampa de la grieta. ¿Por qué? Porque los extremos debilitan a la Argentina. Nos sacan de los problemas reales y nos arrastran hacia confrontaciones etéreas, donde los esfuerzos se pierden en zancadillas o agravios improductivos. En el medio, siempre queda el ciudadano “huérfano”, sin que nadie le satisfaga sus demandas más elementales.

Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados, lo dice constantemente: “Debemos aprender que en la política tenemos adversarios, no enemigos”. Ese es el camino para atravesar las crisis sanitaria y económica que nos azotan. Sin olvidar nuestras ideas, pero tampoco las del otro que pueden enriquecernos. No se trata de eliminar las opiniones contrarias, sino de incorporarlas. Cuanto más amplia sea nuestra mirada, más opciones vamos a tener para decidir el futuro de los argentinos.

Justamente, esta convicción democrática es la que explica la arquitectura del Frente de Todos. Frente a una sociedad de nichos, hoy las coaliciones políticas son indispensables. Hay que agrupar a diferentes identidades y voluntades para representar a un tejido social plural. La heterogeneidad del gobierno nacional responde a ese diagnóstico. Entendimos los desafíos del siglo XXI, que, a diferencia de su predecesor, nos pide unidad en la diversidad. Más variedad, menos homogeneidad. Como reflexiona el Papa Francisco: “El todo es más que la parte, el tiempo es superior al espacio y la unidad prevalece sobre el conflicto”.

Por eso, no hay que alarmarse si vemos contrapuntos en la coalición oficialista. Es normal en una alianza variopinta (e incluso saludable). Son síntomas que el diálogo está abierto. Que hay intercambio de visiones. Porque nadie tiene escriturada la verdad. Las organizaciones –políticas, empresariales, judiciales, sociales o educativa– que clausuran el intercambio, ingresan en el dogmatismo: la peor herramienta para abordar una realidad tan estimulante como escurridiza.

La época reclama líderes realistas, empáticos y abiertos a la conversación ciudadana. Alcanza con mirar el estilo de los presidentes que, a lo largo y ancho del planeta, están doblegando al Covid-19. No son mesías ni grandes profetas, solo son personas que escuchan antes de hablar, preguntan a especialistas si no saben y entienden los miedos y las esperanzas de la gente porque viven como la mayoría, no como la minoría. Tres insumos fundamentales para estar conectados con el entorno y escaparle al microclima que, generalmente, produce la política.

Sin duda, esta pandemia va a transformar nuestras vidas. El teletrabajo llegó para quedarse. La forma de vincularnos cambiará. Y la movilidad no será la misma. Habrá un antes y un después. Seguro. Pero lo que no modificará un virus, por más potente que sea, es la fuerza de la unión. El poder del compromiso colectivo. La capacidad de construir, entre todos, la Argentina que nos merecemos. Y para eso es necesario tolerancia, solidaridad y, sobre todo, sentido común.

El autor es director ejecutivo de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte

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